Me perdí en el camino.

 

Los días se hacen meses y los meses de hacen años en un proceso que aún no termina.

 

Pensé, recordé, imaginé y lloré por permitirle a personas sin alma que tuviesen el control sobre mí y sobre mi vida.

 

Puse en duda mi vida, hice todo a un lado, abandoné mi empleo, mis amigos, mis hobbies y mi familia.

 

Caí en el juego perverso de personas sin alma y les di el poder de decidir sobre mi vida.

 

 

Perdí el control.

Perdí el interés.

Perdí las ganas.

Perdí la esperanza. Y por poco también pierdo la vida.

 

 

Me sentí la mujer menos merecedora y tomé acción.

Procuré que está vez no existiera la posibilidad de despertar.

 

 

¡Desperté!

 

 


¿Cómo es posible que yo, una mujer con mis capacidades y mis aptitudes sé rindiera e intentará acabar con su vida, mientras ellos viven felices en su amargura?

 


No conozco mi misión en esta vida pero estoy segura de que Dios, Jehová, energía, cielo o como le llames a aquello en que crees, tiene un plan muy grande para mí si no me ha dejado ir luego de la gravedad de la situación en la que me encontré gracias a mi elección, aquello con lo que pretendía quitarme lo que creía que era vida, una tortura.


Los vi y lloré al ver su dolor.

 


Cada visita en el cuarto de un hospital veía en sus rostros dolor y sufrimiento y no pude evitar replantearme lo que quiero para mí y mi vida.

 

 

 

Lo merezco. Lo merecen.

Give me five

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