Este viaje es el primero de mucho que hago sola, amigos y familia, me decían que no era posible que hiciera esto sola, que podría ser peligroso, entre otras cosas, pero aun así pensaba que esto sería una aventura increíble.

Hace un tiempo, comencé a buscar diferentes opciones para hacer trekking  y otras actividades al aire libre, que se sumarán a las aventuras que quería vivir, así es como encontré a Medellín Bungee, cuando revisaba los próximos eventos, encontré el viaje al Desierto de la Tatacoa, y no dude en separar mi cupo.

Se llego el día, y no podía contener mi emoción camino al punto de encuentro, cuando llegue, inmediatamente “fui adoptada” por un grupo de cuatro amigos, con los cuales viví toda esta aventura.

En el bus, camino al Desierto, pude conocer a la chica que iba a mi lado, ella también viajaba sola, así que ella se sumó a este grupo de amigos y compañeros de viaje.


Llegamos a Villavieja -Huila, Colombia.

Allí comenzamos el día con un delicioso desayuno, en serio muy delicioso jajajaja, Luego de terminarlo, la persona encargada del tour en el Desierto, se presenta y nos cuenta acerca de algunas sorpresas que tenían para nosotros, y cual seria la dinámica a partir de ese momento.

Luego, nos hemos dividido en dos grupos, cada uno con un guía experto, el cual nos llevó a hacer un recorrido por el pueblo, este era muy pequeño y tranquilo, aunque debo decir que le hacía falta inversión, su carretera es destapada y hay varias ruinas allí, sin embargo, era un pueblo tan lejano de la modernidad que lo hace mágico y perfecto para descansar sin el ruido de los carros, las motos, contaminación de aire y de ruido, etc.

Entramos al museo paleontológico, allí conocimos la razón por la cual, el Desierto de la Tatacoa es tan importante, su diversidad de especies en los fósiles hallados es gracias a el cambio geológico que ha sufrido la Tierra a través del tiempo. Este, primero era un gran océano, cuyo sedimento es lo que hoy se puede apreciar en las formaciones rocosas del desierto, que tienen más de diez millones de años. Luego, este se convierte en una gran selva, y finalmente, en un gran Bosque Seco Tropical, lo que hoy conocemos como el desierto de la Tatacoa.

Luego montamos una lancha río adentro y vimos unas iguanas enormes entre los 

arboles y varias clases de pájaros 

rodeando el lugar. Fue gracioso porque al subir, debías entrar un poco al agua que te 

llegaba hasta las rodillas y la mayoría de las chicas se quejaban y casi hasta lloraban por mojar sus zapatos…

¡Dios! ¿acaso a eso no es a lo que viajamos hasta allí? En fin, yo si me metí, era una “chalupa” era algo muy artesanal, solo seis podíamos entrar en ella, a medida de que cada uno se subía, el agua comenzaba a filtrarse y se nos termino mojando las nalgas, fue demasiado gracioso, el chico que la manejaba, la sacaba con unas cocas como de cocina. y luego de ponernos los chalecos salvavidas, comenzamos a gritar y a reír sin parar, a cada vuelta el agua nos empapaba (yo pensé nos hundiríamos) jajajajaja.

De regreso al pueblo entramos a la iglesia y era majestuosa, no pensé que un pueblo tan “abandonado” pudiese tener una iglesia así, era linda, amplia y llena de luz, con muros, ventanales y columnas llenos de detalles.

Al salir de ahí fue momento de tomar la foto grupal… aproximadamente 90 personas, quizás mas, tratar  de acomodar a tantas personas si que fue toda una aventura. pero por fin, después de varios intentos se logro tomas una fotografía decente.

Estando allí, admirando el paisaje, logre ver un raspao’ (hielo raspado con saborizantes de naranja, limón, chicle y/o fresa y un toque de lechera) lo cual me encanta saborear, máxime cuando me recuerda los años en que era niña y mis abuelos vivían, ahora se ven poco, cuando los veo no puedo evitar comer uno, pero allá, en ese lugar tan “lejano”, no creí encontrarme con esa maravilla. Corrí a comprarme uno y los demás al ver esa delicia corrieron a comprar también.

Give me five

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