26/05/2018

De cenicienta a princesa

Es difícil describir todo lo que sentí y viví él decía que descubrí mi quantum.
Éramos un grupo de más de 140 personas en este entrenamiento que me ha cambiado la vida, después de unos días y muchas experiencias compartidas, nos dividen en diferentes grupos.
Inicialmente no entendía la razón de separarnos de esa manera, luego, nos asignan una tarea y para mi sorpresa, seria actuar como cenicienta, debíamos tomar toda la actitud de este personaje de cuento de hadas, la sumisa que siempre está por el suelo y la cual todos pisotean y que necesita de un príncipe para convertirse en una princesa.
Luego, nos dicen que tendremos una visita de alguien muy importante en nuestras vidas y deberíamos vestirnos para la ocasión y me asuste… Pensé en mil posibilidades y me tenía más nerviosa que todo lo demás. Se llego la hora.
Vimos la transformación de los quantums y luego de penúltimo estábamos nosotras, las cenicientas.
Nos tiran basura por todo el auditorio, restos de comida, platos, vasos, servilletas sucias… Nos tratan mal, nos gritan, nos empujan y no nos atrevíamos a refutar, por qué en nuestra esencia de cenicientas, aunque sabemos no es lo correcto, nos dejamos pisotear de esa manera.
Luego de recoger toda la basura del lugar, volvían a esparcirla por el suelo y se burlaban de nosotras entre gritos e insultos, les juro, sentí ganas de llorar, y por fin, logramos dejar el lugar como antes.
De repente, se apagan las luces y nos dicen que es hora de la visita y debíamos cambiar de atuendo y es ahí cuando sentía que la ansiedad me consumía por dentro.
Alguien me pregunta si ya esto lista para encontrarme con esa persona que esperaba y dije que sí, aunque ya estaba vestida, los nervios no me dejaban razonar correctamente.
Con los ojos cerrados me toman de la mano y me llevan a un lugar, a unos pasos de donde me encontraba, luego me dejan sola y me dicen que espere, que no tema.
Todo era silencio y oscuridad.
Una voz al fondo dice:
– Abre los ojos princesa. Los abrí y quedé absorta. ¡era yo! No podía creer que quien tenía en frente era mi reflejo en un espejo.
– Mírate princesa, date cuenta que no necesitas de un príncipe para ser una princesa, reconócete como una princesa, siente como una princesa, actúa como una princesa y la vida te tratara como una princesa.
Comencé a llorar, no quería mirarme al espejo, me sentía fea, la mujer menos merecedora del planeta. Todos me miraban y yo solo quería salir corriendo, estaba incomoda conmigo misma y con lo que veía en el espejo.
– ¿Porque lloras? Date cuenta que eres hermosa, inteligente, graciosa, merecedora y empoderada, tu eres la persona más importante de tu vida y no debes dejar que nadie cambie eso.
No entendía esas palabras. Lloraba y evitaba el espejo, sentía rabia, ira e impotencia.
– Dile cosas bonitas a la persona que tienes en frente, dile que se ve bonita, dile todo lo que ves en ella, todo lo que te gusta de ella. ¡hazlo!
Miré a los lados y todas estas chicas que compartían ese quantum conmigo, besaban el espejo y lo abrazaban, le decían cosas lindas y me sentí mal porque no sentía ganas de hacerlo. No quería hacerlo, así que me quede de pie mirándome, pero evitaba cruzar mi mirada con la persona del espejo.
– ¡Ahora baila!
Sonó un vals y el espejo se movía al ritmo de la música y mientras las demás giraban y se divertían bailando, yo deje que mi espejo bailara solo, y yo, parada, estática, veía como el espejo se estaba moviendo a mi alrededor. Fue gracioso cuando suena la canción de las divinas (las divinas es una serie de televisión para adolescentes de mi época. Se llama “patito feo” y las divinas eran las populares de la escuela). Pero nos piden la disfrutemos y todas la cantan y la bailan y yo seguí paralizada, corrieron así mi pero no lograba conectar, no me sentía parte de eso. Luego se apagan por completo las luces y nos cierran los ojos, por fin descanse, pero lo mejor estaba por venir. Volé. En ese momento volé y fue memorable ese momento. Volé por todo el lugar mientras sonaba la canción de “frozen” una película de Disney y mientras decía “libre soy, libre soy…” comencé a sentir mi transformación de cenicienta a princesa y hasta ahora, no lo olvido, lo mantengo presente porque es quien soy ahora y sé que no merezco menos que eso.

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