Jamás te vi.
No tuve la oportunidad de conocerte.
No pude escucharte y tampoco hablarte.

En algún momento escuché de ti, y con un par de frases comencé a sentir, que yo era igual a ti.

No me atreví a hablarte porque no quería incomodarte, lo digo, porque sé perfectamente, lo que pasaba por tu mente durante los últimos meses.

Hoy, me enteré de tu partida, no esperaba esa noticia, al saberlo sentí como las lágrimas por mis mejillas corrían.

El dolor que siento es intenso. No es tan simple ignorar tú sufrimiento y que decidieras partir dando hoy el último aliento.

Las últimas horas no paro de pensar y me he puesto en tu lugar. No puedo evitar pensar en el dolor que a mis padres les he de causar.

Al igual que tú, lo intente varias veces con ideas letales, que en distintas oportunidades, se convirtieron en acciones deplorables.

Por una razón divina, fracasé una y otra vez en el deseo de ponerle fin a mi vida en esta vida.

Hubiese querido que tuvieses esa oportunidad que tantas veces yo he tenido.

Lamentablemente nos es difícil de comprender, para quienes quedaron vivos, que tú lección ya has aprendido y tu misión cumplido.

Quiero prometerte que te llevaré siempre en mi mente. Y cuando tenga una recaída en esta enfermedad incomprendida, en tu nombre cambiaré todas esas ideas suicidas, por todo aquello que me haga sentir viva.

No es una despedida, es un hasta pronto, espero conocerte en la siguiente vida.

Te deseo suerte en donde sea que hoy te encuentres, y que por fin sientas, la tranquilidad y la plenitud que tanto tú querías.

Give me five

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