27/10/2018

Las ruinas de Armero, el pueblo que murió | Marzo 2017

De regreso a Medellín, de un viaje que hice a Huila en bus, llegamos a un lugar desolado, todo era silencio y aun así, desperté de un largo y cansado sueño. Al ver por la ventana, me sorprendí con unas ruinas de casas no muy antiguas, unos metros mas adelante, una habitación de al rededor de 2×2 m2, había un letrero grande que decía: “BIENVENIDO A ARMERO”.

¿Bienvenido? ¿En serio?

En 3 de las 4 paredes veías fotos y recortes de periódicos que hacían referencia a la gran tragedia, incluso de personas que cuando niños lograron salir vivos, pero, desaparecieron dejando al país y sus familiares una gran incógnita, y después de muchos años, han regresado de diferentes partes del mundo buscando darle un cierre a una triste historia, buscando sobrevivientes de sus familias y volver a iniciar.

Esto era triste, trágico pero en medio de todo eso estaba esa sensación de tranquilidad al saber que algunos de esos niños aunque fueron forzados a salir de su mundo, ahora son grandes hombres. La cuarta pared, era “la pared de Omaira”.

Omaira es una niña que se convirtió en la imagen de esta tragedia. Su rostro y si historia le dieron la vuelta al mundo y aun hoy, tristemente, personas sin escrúpulos venden un DVD con un montón de contenido amarillista usando su imagen para obtener “dinero fácil”.

Como cosa rara, me molesto eso así que decidí salir de ese lugar mientras los demás se escandalizaban con los relatos llenos de morbo, perfecto para hacer propinas.

Al salir, un guía comenzó a adentrarnos en ese mundo que debería ser tratado como lo que es, un Campo Santo (cuando el papá Juan Pablo II estuvo en el país, fue a este lugar, hizo una oración y lo declaro Campo Santo).

Sabes, muchos dijeron sentir algo sombrío entre las calles, yo no. Yo sentí algo similar a la Paz. Estas almas que fallecieron en tan lamentables circunstancias, han sido despojadas de todo ese dolor y en donde quiera que se encuentren están en paz consigo mismos. Eso es lo que creo. Es decir… mmm… (Yo de nuevo con mis teorías) todos venimos al mundo con una misión y una lección, de manera que fallecer de esa manera era su manera de aprender su lección y cumplir la lección, como cuando nos han enseñado a estar prevenidos ante posibles desastre naturales.

No creo que su muerte implique que ese lugar este lleno de muerte y oscuridad, al contrario, elijo creer que es un lugar lleno de luz.

Entre las calles, ves paredes derrumbadas en su totalidad o solo un porcentaje de ellas en pie, nada puertas o ventanas, solo esos espacios vacíos que sirven de cuna para las raíces de las plantas que ahora reclaman su propiedad.

Vestigios de lo que era un pueblo pujante, lleno de cultura y destino de muchos colombianos y extranjeros; aquellos que dejaron su huella entre las ruinas, arquitectura típica de diferentes partes del mundo son evidencia de la multiculturalidad. Ciudadanos de países como Turquía, Rumanía, Siria, Francia, España, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos que decidieron establecer sus vidas en ese pueblo, gracias a si alta actividad comercial y la tierra fértil, perfecta para las actividades agropecuarias.

Lapidas, Cruces y placas al rededor del lugar, dejan ver el dolor de aquellos que ahora recuerdan con intenso dolor a los hijos, nietos, padres, hermanos, amigos, incluso conocidos que perdieron en aquella tragedia.

Duele al leer mensajes que quedaran escritos en el tiempo.

En fin, la experiencia de recorrer el lugar fue… triste por quienes fallecieron, quienes lo perdieron todo y quienes perdieron a sus seres queridos, pero a la vez gratificante por tener la oportunidad de conocer un poco más de la historia de nuestro país.

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